Quien sos, que haces?

Preguntas que llegan a mis oídos de manera constante. Preguntas que a pesar de ser incomodas, seria peor que no las escuchara, porque escucharlas habla de que al resto les cuesta definirte, codificarte, porque sobre eso reflexiono y pienso, sobre el por qué de la pregunta a la hora de conocer a alguién. 
Son preguntas incomodas, no tanto por no poder definirse a uno mismo, sino mas bien por el hecho de que uno siente que al responderlas se encasilla, se vuelve preso de esa respuesta, de esa definición que uno eligió para el resto.
De esto se desprende que somos una sociedad que vivimos codificando y definiendo todo alrededor, incluso a los otros seres. No solo los definimos, sino que los moldeamos para nuestro gusto, los aceptamos o rechazamos y como si fuera poco, los juzgamos. Peor aún, los prejuzgamos. Einstein decía; “ es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio..”. Y acá nace el punto de la cuestión, que no importa tanto como uno se defina frente al resto, el resto ya lo define y lo anula a uno como ser variable. Nos da miedo y vértigo el cambio, la variabilidad de las cosas, y más aún de los seres. Pero el punto más importante quizás no sea este, y esté en el tema de la utilidad. Porque; ¿De dónde  surge esa necesidad de preguntar a alguien que conocemos, quién es, qué hace, a qué se dedica, etc ?.  Necesitamos ver que tan útil puede ser esa persona para nosotros, para nuestros objetivos y búsquedas de vida. No podemos aceptar perder el valiosísimo tiempo que tenemos, con personas que no tienen nada para aportarnos en nuestro camino de búsqueda. Ahí está el punto, en el interés. No en el ser humano cambiante, vivo, dinámico frente a nuestros ojos, sino en el interés de sus actividades, pensamientos, definiciónes. No importa tanto el mirarse a los ojos, perder la verguenza, reírse, compartir un momento sin saber tanto del otro, que paradójicamente nos hace conocer mucho más que si nos definimos previamente, anulándonos unos a los otros. Dálmiro Sáenz decía; “ cuanto más frecuentamos, menos nos conocemos”. 
Me da tristeza un poco, pensar que así andamos conociéndonos unos a los otros. Pero no quería escribir esto por la pena que pueda provocarme, sino mas bien, porque como con una y mil cosas de nuestras vidas, en esta ocasión, con algo tan simple como preguntas cotidianas que vemos como normales y naturales a la hora de conocer a alguien, en algo tan simple como esto, se esconden otras cosas. Se esconde la utilidad que le atribuímos a todo, se esconde el miedo que le tenemos al cambio, se esconde lo perdidos que estamos en la búsqueda, y al mismo tiempo, se visualiza con facilidad lo lejos que quedamos de aquello que supimos tener cuando eramos niños, aquello que tranquilamente podríamos tener hoy siendo adultos, pero que sin embargo nos enseñaron a olvidar porque nos aleja y nos distrae de la utilidad de la búsqueda. La sorpresa, la espontaneidad, la inocencia , el asombro, los cambios, y todo eso que necesitamos encontrar y no buscar, porque las cosas simples como la libertad no se buscan, se encuentran.

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